miércoles, 1 de febrero de 2017
FRAGMENTO DEL QUINTO CAPÍTULO
Al paso de unos minutos el cuerpo me pide descanso, pues la noche se ha apoderado del ambiente y el sueño ha penetrado en mi interior. Despierto después de haber dormido ocho horas completas sin interrupción alguna. Desayuno una tazón de café con leche acompañado de unas rebanadas de pan tostado con margarina y mermelada; desde que se inventó el untador eléctrico suelo romper el ayuno con esta combinación de alimentos. Con la mañana por delante, me dispongo a seguir leyendo, desde la unidad de control y mediante el lector virtual, un ensayo publicado en el año dieciocho, cuyo título es "Algo tiene el agua cuando la bendicen". El escritor comenzó su trayectoria literaria con esta obra, escrita íntegramente en un taxi y con un smartphone de la época. El ensayo culpabiliza a la especie humana de los abusos cometidos con la naturaleza, de la contaminación innecesaria. El autor presagiaba un mal final para la especie si la actitud de las sociedades industrializadas no hubiese cambiado; pero, afortunadamente para todos, los gobiernos se han implicado bastante: treinta y cinco años después seguimos aquí. Las máquinas han tomado el control, en gran medida, y detrás están aquellos cuyo afán consiste en obtener beneficios de ellas. La especie sobrevive, aunque no sé si mejoramos o no...
Llaman a la puerta: los robots de limpieza están al otro lado. Dos máquinas controladas remotamente por mi unidad informática con diferentes funciones: una para seleccionar lo que hay que retirar y otra para reciclarlo.
FRAGMENTO DEL CUARTO CAPÍTULO
Al buscar la carpeta que contiene las imágenes comprimidas en el directorio "Mis documentos", y dado que los iconos se visualizan grandes, tanto Martina como yo, observamos que al lado de "Rusia Fotos", siguiendo un orden alfabético, está "Señor Blanco libro". Me invade una poderosa curiosidad por ver el contenido del archivo con ese nombre. Al final, aquel día me había engañado al decirme que el libro de mi tío carecía de texto escrito. Tampoco voy a preguntarle por ese archivo, no sabría cómo planteárselo. La expresión del rostro de Leonardo denota cierta incomodidad. El presente se ha congelado durante unos instantes y el pasado invade el ambiente. Él nos muestra las fotos del frío país perteneciente a Europa y Asia, que resultan muy interesantes, ciertamente, pero en mi interior crece el afán por conocer lo que hay en esa carpeta del señor Blanco. Cuando acabamos de ver todas las fotografías, Martina, que también ha visto el desconocido nombre de la carpeta en la tablet, quiere saber de qué se trata lo del señor Blanco y pregunta extrañada. Pero Leonardo, claramente ruborizado, desvía la atención general hacia lo que acabamos de ver. Nos habla de la calidad del trabajo fotográfico y de las ganas que tiene de pisar las lejanas tierras para conocer tantos sitios especiales.
Al cabo de medio minuto de silencio los tres permanecemos pensativos: Leonardo sin saber cómo reaccionar; Martina extrañada por la actitud de Leonardo al preguntarle por el contenido de la carpeta; y yo intentando comprender el porqué del secretismo.
FRAGMENTO DEL TERCER CAPÍTULO
Posteriormente, Martina me empezó a contar otro de sus sueños, lo cual abordé con tremenda curiosidad; habían pasado varios meses desde que me describiera aquel en el cual yo figuraba. Esta escena quimérica se desarrollaba ahora en un lugar amplio y luminoso; al contrario que en el anterior, cuyo ambiente era angosto y oscuro.
--De una especie de extenso lago emergía una inmensa y helada mano que intentaba agarrarme, sin embargo se derretía antes de lograrlo --me explicó Martina un poco aturdida--. Así sucedía una y otra vez, pero en ningún momento notaba líquido alguno cayendo sobre mí. Me invadió cierta sensación de melancolía al ver como esos grandes dedos se pulverizaban ante mí sin entender el porqué; y justo en ese instante desperté.
Después de un pequeño silencio me decidí a hablar, aunque no sabía muy bien qué decir; el sueño esta vez sí que era raro y nada fácil de interpretar. Así todo, me atreví a decir algo:
--El significado podría estar relacionado con transmitir algún sentimiento, o conocimiento, pero no llegar a cumplirlo. No sé, lo digo porque a ti no te empapa esa gran mano de su gélida esencia: un líquido de dudosa naturaleza y etérea composición.
--Es probable que así sea --intervino ella--. La mano como elemento difusor, mientras la sustancia líquida representaría las ideas o sentimientos. No sé, lo mismo significa lo que decimos que nada. Bueno, me quedaré a dormir aquí hoy, pues se ha hecho un poco tarde, supongo que no te importe...
--Estoy encantado y lo sabes --le susurré al oído--. Además no hay cosa que más desee ahora mismo que abrazarte para después fundirme en un beso interminable contigo.
FRAGMENTO DEL SEGUNDO CAPÍTULO
Martina y Leonardo viven en un sector de la ciudad tan residencial que no hay comercio alguno, aunque tampoco los hay ya casi en la zona del centro. En la periferia fueron cayendo los grandes centros comerciales de hace décadas, dejando su sitio a naves de compra masiva carentes de personal, repletas de robots y maquinaria industrial adaptada a la venta directa. Ellos se han jubilado, no sin dificultad para recibir sendas pensiones. Pasan los días cumpliendo con sus hábitos: lectura, paseos, diálogos y, sobre todo, amándose. Intentan renovar su amor cada día, cada hora, cada minuto. Ellos han hecho todo lo posible para que su hijo haya sido feliz. Saben que un día Martín tendrá que enfrentarse a la vida de cara, sin red, sin su apoyo y constante protección. Sufren porque ven a Martín incapaz de amar, de poseer sentimientos profundos y buenos principios; esperan equivocarse, ojalá. Pero..., y ¿si están en lo cierto?
Sentados en el sofá de la sala de lectura de su moderno hogar, Martina y Leonardo hablan de la posibilidad de hacer un viaje organizado a Rusia, pues les habían comentado unos amigos que aquellas tierras fascinan por su singularidad y distinción. A ellos les ha tocado llegar a la vejez siendo espectadores de grandes cambios: la desaparición del dinero en papel, la profunda reconversión industrial, la falta de interés general por actividades culturales, el control informático y electrónico que sufrimos a diario. Seguro que les gustaría que Martín viviese en un entorno menos robotizado y más humano
FRAGMENTO DEL PRIMER CAPÍTULO
Cuando leo me siento bien, como embobado, como ensimismado, absorto y concentrado. La lectura me entretiene y me humaniza. Imagino que en el futuro se descubrirán nuevas maneras de lograr ambas cosas. Avanzar en el terreno de las ciencias y las matemáticas nos va a proporcionar mayor visión para entender el funcionamiento del Mundo, sus leyes naturales y el Universo. La pregunta que me hago es si también van a cambiar las leyes sociales y desaparecerán las desigualdades. Yo tengo plena confianza en el futuro de la Humanidad, presiento que las cosas van a mejorar para todos. Lo que dicen que ha sucedido en Francia ha iniciado un camino hacia la igualdad que puede ser imparable. Mi tío dice que la incipiente transformación de las normas actuales va a desembocar en la pérdida de los privilegios de la nobleza, aunque no sabe si del clero también. Aquí no da la impresión de que ejerzan influencia los acontecimientos del país vecino; yo veo muy tranquilos a los duques y a su familia.
Me dirijo hacia mi padre y veo su rostro ajado por la edad, la expresión de sus ojos denota conformidad y resignación. A lo mejor si perteneciésemos a la nobleza nuestro aspecto tendría otros tintes: buena planta, buen ropaje, temple. Aunque también pienso que ahora, considerando lo acaecido en el país galo y siempre que sea cierto lo que cuentan, no sé si prefiero ser noble.
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