Posteriormente, Martina me empezó a contar otro de sus sueños, lo cual abordé con tremenda curiosidad; habían pasado varios meses desde que me describiera aquel en el cual yo figuraba. Esta escena quimérica se desarrollaba ahora en un lugar amplio y luminoso; al contrario que en el anterior, cuyo ambiente era angosto y oscuro.
--De una especie de extenso lago emergía una inmensa y helada mano que intentaba agarrarme, sin embargo se derretía antes de lograrlo --me explicó Martina un poco aturdida--. Así sucedía una y otra vez, pero en ningún momento notaba líquido alguno cayendo sobre mí. Me invadió cierta sensación de melancolía al ver como esos grandes dedos se pulverizaban ante mí sin entender el porqué; y justo en ese instante desperté.
Después de un pequeño silencio me decidí a hablar, aunque no sabía muy bien qué decir; el sueño esta vez sí que era raro y nada fácil de interpretar. Así todo, me atreví a decir algo:
--El significado podría estar relacionado con transmitir algún sentimiento, o conocimiento, pero no llegar a cumplirlo. No sé, lo digo porque a ti no te empapa esa gran mano de su gélida esencia: un líquido de dudosa naturaleza y etérea composición.
--Es probable que así sea --intervino ella--. La mano como elemento difusor, mientras la sustancia líquida representaría las ideas o sentimientos. No sé, lo mismo significa lo que decimos que nada. Bueno, me quedaré a dormir aquí hoy, pues se ha hecho un poco tarde, supongo que no te importe...
--Estoy encantado y lo sabes --le susurré al oído--. Además no hay cosa que más desee ahora mismo que abrazarte para después fundirme en un beso interminable contigo.
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