miércoles, 1 de febrero de 2017
FRAGMENTO DEL SEGUNDO CAPÍTULO
Martina y Leonardo viven en un sector de la ciudad tan residencial que no hay comercio alguno, aunque tampoco los hay ya casi en la zona del centro. En la periferia fueron cayendo los grandes centros comerciales de hace décadas, dejando su sitio a naves de compra masiva carentes de personal, repletas de robots y maquinaria industrial adaptada a la venta directa. Ellos se han jubilado, no sin dificultad para recibir sendas pensiones. Pasan los días cumpliendo con sus hábitos: lectura, paseos, diálogos y, sobre todo, amándose. Intentan renovar su amor cada día, cada hora, cada minuto. Ellos han hecho todo lo posible para que su hijo haya sido feliz. Saben que un día Martín tendrá que enfrentarse a la vida de cara, sin red, sin su apoyo y constante protección. Sufren porque ven a Martín incapaz de amar, de poseer sentimientos profundos y buenos principios; esperan equivocarse, ojalá. Pero..., y ¿si están en lo cierto?
Sentados en el sofá de la sala de lectura de su moderno hogar, Martina y Leonardo hablan de la posibilidad de hacer un viaje organizado a Rusia, pues les habían comentado unos amigos que aquellas tierras fascinan por su singularidad y distinción. A ellos les ha tocado llegar a la vejez siendo espectadores de grandes cambios: la desaparición del dinero en papel, la profunda reconversión industrial, la falta de interés general por actividades culturales, el control informático y electrónico que sufrimos a diario. Seguro que les gustaría que Martín viviese en un entorno menos robotizado y más humano
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